El día que Emanuel Ginóbili jugó su décimo partido olímpico se cumplió el octavo aniversario de la desaparición de
Alberto Pedro Cabrera, quien no llegó a los Juegos, pero lo mereció largamente.
"Manu" hizo un partido pensado. Fue un asistidor profundo, lector sabio de las necesidades del equipo y terminó
goleador, algo que no parecía estar en el libreto.
Es que, como "Beto", integra una categoría raleada y poco frecuente: cuando no brillan juegan bien, cuando están muy
bien, ya es estafa.
Luego, como en la oportunidad anterior cuando fue derrota, se detuvo en la zona mixta a responder a todos, también
en inglés y terminó siendo el último en dejar el piso.
Otra similitud entre ambos: no tienen enemigos en la prensa, no pueden tenerlos, hacen las cosas fáciles a cualquier
principiante.
"Manu" no evade temas, opina y hasta se permite la autocrítica, ese tabú generalizado en la actividad muscular.
Muchos años disfrutó uno de "Beto", espléndido en la cancha, elegante afuera. El destino nos dio una segunda
oportunidad.
Ginóbili es una estrella deportiva singular, no necesita probarlo con desplantes o caprichos. En buena hora. He
tenido el placer de asistir a sus apogeos, no es poco.
Rafael Emilio Santiago/Enviado especial de LU2 a los Juegos Olímpicos