Muchas veces es fácil opinar con los resultados puestos, pero en algunas ocasiones las ideas tácticas de los
entrenadores no se cristalizan y merecen ser analizados los motivos.
Este es el caso de Daniel Florit, quien acertó --desde el punto de vista del marcador final-- con los esquemas que
empleó ante Colón y San Martín de San Juan.
Si nos remitimos a esos partidos, puntualmente se enfocará la posición de Leandro González. Frente a los
santafesinos y los verdinegros, el pigüense arrancó como carrilero derecho y, en ambos encuentros, fue factor
determinante.
Esa ubicación en el terreno --unos metros más atrasado-- le permitió encarar de frente a su marcador y explotar su
notable velocidad.
Pero, sorpresivamente, ante Banfield, el sábado pasado, González volvió a su puesto de media punta.
La intención de Florit fue reforzar el mediocampo --los carriles más precisamente-- con los ingresos de Martín
Wagner (para encimar a Patiño) y Rogelio Martínez (para tomar a Luciano Civelli).
¿Qué sucedió?
Olimpo se quedó sin poder de ataque por los costados, ya que ni Wagner ni Rogelio pisaron el área rival y, encima,
Leandro González estuvo prácticamente toda la tarde de espaldas al arco adversario. Así, Banfield se puso arriba en el
marcador.
Florit modificó su dibujo para la fracción complementaria, con el ingreso de Ulloa (por Rogelio Martínez), ubicando
nuevamente a González como carrilero derecho.
Curiosamente, ese fue el mejor momento de Olimpo en el partido y cerca estuvo de igualar el pleito.
Entonces surgió inevitablemente la pregunta, ¿por qué cambiar algo que dio muestras de buen funcionamiento táctico?
Pablo Alvarez/"La Nueva Provincia"