Hace 48 años, en mayo de 1960, nuestra ciudad sufrió las consecuencias de un fuerte sismo producido en Chile.
La primera "noticia" del singular hecho se registró en la propia redacción de este diario, cuando "las miradas
azoradas, cruzándose" vieron con asombro cómo las hojas de las ventanas se batían y las luces "entraban en movimiento
pendular". Duró segundos, pero pareció una eternidad. Era, sin dudas, un movimiento de la tierra.
En el piso 15 del edificio Taberner, en la esquina de O'Higgins y Brown, una niña ayudaba a su madre en el planchado
cuando trastabilló y la plancha escapó de sus manos. En la planta baja, el portero vio, con asombro, gente bajando "con
ropa de dormir" hacia la calle, mientras los ascensores "producían un ruido impresionante al chocar con las guías".
En La Comercialina --piso 15 del edificio de Alsina y San Martín--, Tomás Prieto sintió que se le escapaban las
manijas de la máquina de café. Creyó que era un mareo, pero pronto descubrió que los mozos dejaban sus bandejas y
buscaban el ascensor.
Pero, donde más se sintió el "cimbronazo telúrico" --según lo llamó un vecino-- fue en el estadio de fútbol de
Olimpo, donde los espectadores sintieron "oscilar las tribunas". De inmediato, cundió el pánico. "Centenares de
personas se lanzaron escaleras abajo, pugnando por abandonar el estadio en marejada presa de pavor", redactó un
cronista.
Más allá de la primera oleada de terror, el movimiento --ocurrido a las 16.18-- no provocó daño "a la integridad de
las entrañas de los macizos edificados".
Hubo sustos, corridas, exageraciones y alguna que otra historia prolija y justamente inventada.