Una de las tareas que más fascinan a los gremialistas es desplegar todos los recursos para tratar de doblegar al
rival. ¿Un ejemplo? La puja por la conducción de la CGT se transformó en una lucha cada vez más encarnizada de la que
nadie puede salir indemne.
Aunque Hugo Moyano, merced a sus acuerdos con el gobierno, sigue muy bien perfilado para conservar la titularidad de
la central obrera, persiste el empecinamiento de quienes pretenden destronarlo o rodearle la casamata para bombardearlo
o, al menos, poner coto a su poder de fuego.
El gastronómico José Luis Barrionuevo se mantiene al frente de esa movida y ya sacó nuevo turno para reforzar el
minado del terreno de su contrincante. En público y en privado, repartió más de un "bandejazo" y expresó con todas las
letras que no quiere verlo más en el altar cegetista.
Una de sus vehementes demostraciones la hizo durante un almuerzo con varios de los "gordos" --Oscar Lescano (Luz y
Fuerza), Armando Cavalieri (mercantiles) y José Pedraza (Unión Ferroviaria)-- y los autollamados independientes, pero
ultraoficialistas, Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA).
Barrionuevo bosquejó lo que todos saben: que Moyano no debe ser más el secretario general y que, si no cumplen su
deseo, es capaz de disputar ese cargo con candidato propio.
Quienes transitan por el mundo sindical saben que el gastronómico, que no anda con delicadezas a la hora de los
empellones, es ducho en el principio "golpear para negociar". Consecuentemente, sopesan la posibilidad de satisfacer
sus pretensiones dándole protagonismo en la cúpula, al menos poniendo límites a los movimientos del líder de los
camioneros.
Ventajitas.
Para que Barrionuevo acceda a una capitulación, los "gordos" asumieron esa tarea, autoerigidos como árbitros de la
contienda, aunque el hoy diputado nacional sorprendió con una finta: anunció un aumento salarial superior al 30%. Las
autoridades, no obstante, salieron rápidamente a aclarar que rondaba el 20%, como fija la pauta oficial.
La lectura inmediata de la cifra difundida por el gremio fue inevitable, interpretándose que Barrionuevo sacó una
tajada mayor que la promovida por Moyano y el poder "K".
También es cierto que ambos gremialistas, por imperio de la aplicación de las mejoras en adicionales y otros efectos
en las escalas salariales, obtuvieron márgenes que miran desde arriba al 19,5%.
Moyano, mientras tanto, sigue aprovechando su privilegio oficialista y avanza con movimientos para apuntalar al
gobierno que, en algunos casos, podrían tildarse de temerarios.
Hubo quienes se ilusionaron con la posibilidad de rescatar alguna fecha cara al justicialismo --por estos días, la
del nacimiento de Eva Duarte-- para que, al menos por un momento, se juntaran los bandos en pugna. Ni siquiera en torno
a esa figura indiscutida del peronismo pudieron hacer un acto masivo y unificado.
Moyano y aliados armaron su homenaje; los líderes de las 62 Organizaciones, Gerónimo Venegas y Mario D'Aprile,
pergeñaron el suyo con figuras de la "resistencia peronista"; otros miraron para el costado, como distraídos. Las
reuniones por cada lado volvieron a demostrar que podrán estar amontonados, pero nunca verdaderamente unidos.
Luis Tarullo/DyN