2003. El 25 de mayo, cuando Néstor Kirchner jura la presidencia, el cardenal Jorge Bergoglio coincide en la necesidad
de "poner el hombro" y alienta a abandonar mezquindades e internismos.
2004. Kirchner se retira contrariado de la catedral metropolitana porque Bergoglio alude a las "componendas de poder"
que absorben las instituciones y al cansancio del pueblo por los "anuncios estridentes".
2005. Para escuchar una homilía sin sobresaltos de monseñor Juan Carlos Maccarone, Kirchner lleva los festejos a
Santiago del Estero. El obispo, considerado "amigo" en la Casa Rosada, debió renunciar meses después por estar envuelto
en un escándalo sexual.
2006. De regreso en la catedral porteña, Kirchner recibe nuevas críticas a su forma de gobernar. Bergoglio exhorta a
construir un país sin prepotencias ni exclusiones y alerta que el poder no necesita sustentarse en propaganda,
encuestas o el aplauso de las masas.
2007. Kirchner traslada la celebración a Mendoza, sin saber que el arzobispo José María Arancibia no participará por
hallarse en una cumbre continental de obispos. La responsabilidad de la reflexión recae en monseñor Eduardo Taussig
(San Rafael). Desconocido para el entorno "K", apela a frases de Benedicto XVI y Juan Pablo II para advertir que se
puede caer en un régimen autoritario sin "fidelidad a la democracia".