A la misma hora que Georgina Bardach terminaba su concentración y se encolumnaba rumbo a la impresionante piscina
del Cubo de Agua, en otro punto de Beijing, Paula Belén Pareto recogía un bronce inesperado, según su propia confesión.
De paso, repetía el episodio de Bardach en Atenas 2004: una mujer, casi de la nada, ubicaba a la Argentina en el
medallero en el primer día de competencia. Esa solitaria presea en Atenas le brindó a Georgina una notoriedad impensada.
Me alcanzó aquella vez ver la emoción de su padre, solitario hincha perdido en la tribuna del centro acuático griego.
Es posible que Paula, la petisita que representa a Estudiantes de la Plata (cuna de grandes talentos...) viva por
unos días esa misma sensación, que sospecho muy grata.
Pero esta vez Bardach vino mal y nadó muy mal: arrancó y terminó última, casi media pileta de luz en el ida y vuelta
de ocho pasadas en los cuatro estilos. Y de allí al velorio: los deudos --los enviados especiales-- mirando al
"desaparecido" que tuvo, eso sí, la dignidad de presentarse a escuchar ninguna cosa importante de boca nuestra, a pie
firme, última en la serie y penúltima de todas.
Quizá no debimos bajar a la zona mixta, pero hubiera sonado a exitismo.
No quiso llorar la cordobesa; acaso lo necesitaba. Es improbable mimetizarse en una piscina y en una carrera larga.
Es difícil perder, desde siempre; saber ganar parece mas sencillo.
Demanda otro tipo de grandeza.
Rafael Emilio Santiago/Enviado especial de LU2 a Beijing