Llevamos 50 días desde el primer anuncio de infección por un nuevo virus influenza.
Los datos iniciales eran para temer, ya que se desconocía su poder de contagio o tasa de ataque y su capacidad de
enfermar o poder de morbimortalidad.
Ello disparó la puesta en marcha del plan de contingencia elaborado por la Organización Mundial de la Salud, para
aplicar, en caso de gripe pandémica, o, lo que es lo mismo, gripe por aparición de un virus nuevo, con una gran
diferencia antigénica del mismo, comparado con los ya circulantes, también denominados estacionales o con cambios
mínimos.
Los datos iniciales eran para temer: mortalidad cercana al 3 por ciento y por ser nuevo, tal vez, una tasa de ataque
cercana al 30 por ciento de la población. (Vale aclarar que la mortalidad del virus estacional es del 0.1 por ciento y
la tasa de ataque es del 5 al 10 por ciento).
Según el plan de contingencia, se deben tomar todas las medidas que tomó México para impedir su diseminación y, por
ello, no podemos conocer su tasa de ataque verdadera, pero seguro es mayor a la estacional.
La propagación mundial del virus nos demostró, luego, que la mortalidad fue significativamente menor, incluso igual
a la estacional.
Hoy se sabe que circularon dos virus en México: uno de origen aviario-porcino-humano y otro porcino
americano-porcino europeo-humano.
El primero tiene baja tasa de ataque y elevada morbimortalidad y el segundo, alta tasa de ataque y baja
morbimortalidad.
El primero se inició en México y allí quedó y el segundo en México-Estados Unidos y fue el que se propagó por el
mundo.
Si bien se reportaron casos en cerca de 70 países, sólo 3 tienen circulación consolidada, autóctona, del virus:
México, Estados Unidos y Canadá.
A la luz de lo mencionado, podemos elaborar conclusiones y una reflexión final:
1. Hoy el riesgo de enfermarse y morir por gripe AH1N1 es igual que el estacional.
Tal vez, con las medidas de aislamiento y control, más el tratamiento con drogas específicas, la tasa de ataque sea
similar a la estacional o algunos puntos por encima.
2. Sólo tengo que pensar (por ahora) en gripe AH1N1, en caso de una persona que consulte por sindrome gripal (inicio
súbito de fiebre mayor a 38ºC, asociada a mialgias, cefalea, tos y congestión nasal, sin otro foco demostrable) y que
tenga el antecedente de haber arribado desde o haber realizado escala en aeropuertos de México, Estados Unidos o
Canadá, en los últimos 7 días; que hubiese estado en contacto con un caso sospechoso o confirmado de gripe AH1N1, en
igual lapso.
3. El plan de contingencia de la OMS se escribió en base a los datos aportados por la epidemia de gripe aviaria:
mortalidad cercana al 50 por ciento.
Con este escalofriante índice, el plan fue elaborado con normas muy estrictas, para impedir la diseminación del
virus en el ambiente y en el sector de la salud.
Hoy, con los datos actuales, ¿vale la pena ser tan restrictivos?
Creo que sí, por ahora, en lo referente al cierre de escuelas, ante casos allí diagnosticados, al igual que al
aislamiento domiciliario o la restricción de actividades.
En lo que se refiere al ámbito hospitalario creo que se deben disminuir las restricciones y manejarnos solamente
como si fuese una gripe común o sea usar barbijo si voy a estar cerca del paciente. (el virus no se disemina más de 1
metro luego de un acceso de tos o estornudo) usar gafas, guantes y no olvidarnos de lavarnos las manos.
A modo de reflexión, digamos que la epidemiología nos debe servir para la toma de decisiones y vaya si aquí nos
ayudó.
Ahora bien, ¿cómo andamos en la calidad de datos que generamos, para ser analizados en nuestro ámbito de trabajo y
tomar luego decisiones?
Esta es una gran deuda pendiente. Aquí sí que estamos flojos de papeles...
El doctor Diego Maurizi
, autor de este comentario, es jefe de Infectologia del Hospital Privado del Sur y del Hospital Felipe Glasman.