Crónicas de la república

CRÓNICAS DE LA REPÚBLICA

Chispazos de una semana frenética

18/06/2017 | 07:40 |

Por
Eugenio Paillet

Antes de ahondar, conviene detenerse en un dato que puede amargarle el desayuno a más de uno de los cientos de miles que hoy tienen dificultades de todo tipo, entre otras para conseguir empleo o llegar sin penurias a fin de mes: las PASO costarán $ 5 mil millones y casi no definirán candidatos, arreglados de antemano para evitar las internas, que fue justamente para el cometido que Cristina Fernández se vanaglorió de haberlas creado.

Aunque el texto venía con el cuchillo bajo la manga para evitar que volviera a pasarles lo que a Néstor Kirchner en 2009 y que se repetiría con gravísimo daño para ella misma, porque le abortó el sueño de la perpetuidad, cuatro años más tarde. Para agigantar la paradoja, cabría decir que el 13 de agosto daría lo mismo ir que no ir a votar, salvo para las mil y una trampas que puede encerrar la pelea entre Randazzo y Mario Ishii: por ejemplo que los voten quienes los odian pero más odian al candidato al que quieren hundir o perjudicar. Pero la ley es la ley.

Dicho lo cual surge una primera aproximación a la realidad de lo ocurrido esta semana que no deja de sorprender: todos quieren que Cristina sea candidata. Aunque nadie seriamente pueda decir a esta hora que ella "va a jugar". ¿Lo sabe ella misma? Lo quieren sus seguidores, lo quieren hasta los que la doctora echó por piantavotos (D´Elía y compañía), lo quieren los que dentro del peronismo no la quieren pero claman por enfrentarla en una interna (Randazzo) y hasta lo quiere el mismísimo Massa, que se queja de la falsa polarización, pero la necesita para vencerla y de paso posiblemente mojarle la oreja al macrismo. Mostrar que su avenida del medio es la opción entre Cristina y Macri. Por si quedaban dudas, sueñan con esa candidatura el propio Macri, Cambiemos, Durán Barba y el resto.

Una frase de las más escuchadas en esta semana fue: "El que más gano fue Macri". No importa si lo dicen periodistas, analistas o simples observadores: en la Casa Rosada piensan lo mismo. Que lo mejor que les podía pasar, de paso para disimular otros faltantes o nuevos y groseros errores no forzados, es que Cristina arme semejante zafarrancho y se presente como candidata. Es la coronación del cara a cara, el "Ella o yo", que tantas veces pronunció el presidente en Olivos o en su quinta de Los Abrojos.

“Calma radicales", como dijo un veterano correligionario. Todos dicen que Cristina será candidata y que lo anunciará este martes en el estadio de Arsenal, y hasta se difundieron los tres ejes centrales sobre los que basará su discurso de lanzamiento: como si ella hubiese vivido en otro país durante los últimos 14 años, despotricará contra la desocupación galopante que ha provocado Macri, hablará de los alarmantes índices de inseguridad que hacen que la gente no pueda salir a la calle, y acusará al gobierno de no saber gestionar, estafar el voto de confianza, gobernar para los ricos, etc.

Hasta incluirá un capítulo estrambótico que es un llamado "a combatir la corrupción". De vuelta a aquel heredero de Alem: "Nadie se suicida en las vísperas", desafía en consonancia con los que sostienen que finalmente ella será la dueña y mentora del espacio pero que bendecirá a otro: Scioli, Magario o algún incondicional.

Al margen de aquel entusiasmo que opera en el gobierno por el lanzamiento de la doctora, en ese y otros escenarios si algo se ha intentado en estos días es desentrañar las razones de lo que no pocos consideran un salto al vacío, y sin red, de Cristina. Crónica de una muerte política anunciada, pura soberbia, tozudez, autosuficiencia y siguen los ejemplos. En el gobierno lo ven de este modo: en la provincia de Buenos Aires, Cambiemos lidera las encuestas con alguna holgura, Cristina con su piso duro pero por debajo, y habrá que ver qué papel juegan Massa, Randazzo y la izquierda.

Un dato refrescan en esos despachos: Sabbatella sacó en 2009, yendo contra Kirchner, poco más de un 5 %. Pero eso le alcanzó para restarle al santacruceño y, de ese modo, permitir la victoria de De Narváez. Hay mucho cristinismo que aún repudia al extitular del AFSCA. ¿Y si resta, en vez de sumar, como los otros impresentables que componen Unidad Ciudadana?

Un ministro dice que es el escenario por el que tanto bregaron: Cambiemos consolidado, un peronismo fragmentado en tres (Cristina, Randazzo y Massa) y una izquierda que suele rondar los 5/6 puntos. Y con pronóstico de victorias no comprometidas en Córdoba, Mendoza, Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires.

Deja la impresión ese hombre que entre los desaguisados de Cristina y el más o menos tragable armado interno, para salir airosos en octubre alcanza. En la mesa de arena se ve prolijito. Habrá que comprobarlo en los hechos.