Blog colectivo

No te asustes, pero... vivís abajo de 2 narcos

19/06/2017 | 14:05 | Por Sol Azcárate / sazcarate@lanueva.com

   Mexicanos.

   Narcotráfico.

   Chapo Guzmán.

   De ahí a la trata de personas, ¿a cuánto estamos?

   Vos dirás que eso es producto de la sobreexposición a medios de comunicación que alimentan la estigmatización.

   Sí, ponele.

   Pero si te dicen que en el departamento del piso de arriba de tu casa viven 2 narcotraficantes mexicanos, te prometo que el tuje se te llena de preguntas.

   La escena era bastante más berreta de lo que cualquiera puede imaginar sobre una cobertura de estas características.

   Domingo a la noche, estaba sola en la web del diario. En el "pelpa" no había muchos más tampoco.

   La tarde había estado muy tranquila y me venía bien que pasara "algo", para no tener que hacer malabares para renovar la página. Esa escena también es bastante más típica de lo que creen.

   Agarran a esos 2 en el shopping y despliegan allanamientos en varios puntos de la ciudad.

   Viene el CEO de la empresa y se me sienta al lado para tirarme información que le iba llegando.

—El principal allanamiento lo están haciendo donde vivían los narcos, en Zeballos dos veintidos.

—Jaaaa, qué boludo.

—En el piso 5.

—Daaale, dejate de joder.

—Y secuestraron casi 1.000 kilos de cocaína.

—¿QUÉ?

   No era joda: yo vivo en el cuarto piso y estos tipos vivían arriba.

   Hice memoria: hace poco compartí el ascensor con uno y en planta baja estaba el otro esperándolo.

   No recuerdo nada del otro mundo: bigotes y acento mexicano.

   "Prestá un poco más de atención de ahora en más", me dijeron.

   ¿Es joda? No voy a desconfiar de cada mexicano que me cruce en la vida.

   Porque si no los argentinos somos todos chantas y ventajeros, entonces.

   Me quedé hasta la 1 y media de la noche laburando en el diario.

   Mi novio fue antes que yo hasta mi casa para ver que todo estuviera bien y después me vino a buscar.

   Esperamos a que el ascensor bajara desde el quinto. Subimos al cuarto.

   Por las escaleras se veía la luz prendida del pasillo de arriba.

   Flasheé novela policial de Pol-ka y subí sigilosamente: me faltaba poner las manos en forma de pistola a la altura del pecho y caminar de costado pegada a la pared.

   La escena del allanamiento también era bastante más berreta de lo que imaginé: se escuchaban risas, se trataban de "che, boludo" y corrían sillas y cosas.

   El ascensor iba a hacer ruido toda la noche.

   Nos acostamos. Mi novio no tardó ni 5 minutos en dormirse. A mí me duraba el cagazo.

   Prendí el sedante de todas mis noches: Netflix.

   Y no tuvo mejor idea que recomendarme ver una serie que es "tendencia": El Chapo.