Bahía Blanca, Argentina
La Ranchero gris se veía venir derecho al acceso del Batallón 181. Frenó frente al pesado portón de hierro y madera, el jefe de guardia se acercó a la ventanilla, descargó en la planilla los datos correspondientes del conductor y me indicó: "Abra".
Con casco casi hasta los ojos y FAL en mano obedecí la orden -no había otra manera-. Lo mejor que tenía ese puesto de guardia era que te mantenía entretenido chusmeando quién llegaba.
¡¿Y quién había llegado?!
La camioneta aceleró, hice el saludo reglamentario y en ese momento, con la ventanilla baja el hombre asomó la cabeza y me dijo con su característica voz: "¿Qué hacés, pibe?", acaso, reconociéndome de las canchas por ser contemporáneo con José, su hijo menor.
"¡Hola 'Lito'! ¿Cómo le va?", atiné a responderle. Y arrancó.
Su saludo me conmovió. Lo seguí con la vista hasta que llegó a la garita del cabo de cuarto y dobló.
Era Fruet, el mismo del que tantas veces había escuchado hablar y al que nos ponían como ejemplo, entre otros, cada vez que nos tocaba defender la camiseta de Bahía. Estaba feliz. Y tenía la necesidad de compartirlo.
"El que entró era Fruet", le conté, orgulloso, al jefe de guardia. Obviamente, por tratarse de un militar que había llegado desde afuera, tuve que explicarle de quién se trataba.
Más tarde me tocó ir al descanso y cuando volví a tomar posesión en el puesto 1, el jefe me llamó a la garita: "Tome soldado. Cuando se iba, le dejó esto el hombre del que me habló".
Las facturas, más allá del valor que le dábamos los colimbas, en esa fría mañana de junio tuvieron un sabor especial. Se trataba de un acto de simpleza de un grande.
Aunque me mantuve firme e inquebrantable por fuera, la procesión fue por dentro.
Casi 20 años después, diariamente transito por la avenida Cabrera. Y sumándome a la iniciativa de lanueva.com (campaña "Yo quiero ir por Cabrera y volver por Fruet") creo -mejor expresado estoy convencido-, que ir por Cabrera y volver por Fruet sería el justo reconocimiento a dos símbolos de la ciudad.
Eso sí, también quisiera ver (y a esta altura no estoy tan convencido de que se concrete) que en el nacimiento de la avenida con doble nombre estuviera enclavado -como indica el proyecto- el estadio multipropósito que motorizó "Manu" Ginóbili.
Y como en todo esto -generalmente- se anteponen los intereses, estoy seguro de que podremos ir por Cabrera y volver por Fruet siempre y cuando exista la conveniencia política para quienes finalmente deciden.
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